Ayer encontré esta maravilla mientras curioseaba en blogs/flogs ajenos:

La oveja de aspecto nauseabundo podría ser un perfecto cruce genético/diabólico entre la oveja del tomaco de los Simpons y la ratamono de Sumatra de Tu madre se ha comido a mi perro.

Esta última película conseguí verla hace unos dos meses. Digo conseguí porque llevaba unos diez años oyendo a mi hermana hablar de ella, pero hasta ahora no se me había ocurrido pensar que podía descargármela. Bendito internet.

El caso es que normalmente cuando has oido durante tanto tiempo hablar de una película (y sobre todo teniendo en cuenta que son diez añazos), en el momento en que te pones a verla por fin te has creado tantas expectativas que por lo general acabas exclamando al terminar: “¿Pero qué estafa es esta?” Frase que también es muy empleada al ver cualquier capítulo de Perdidos.

La cuestión es que no sólo no me sentí estafada, sino que me encantó, cosa que mi hermana no termina de entener del todo, y en realidad creo que yo tampoco.

Conclusiones que puedo sacar de todo lo dicho: primero, que esta entrada está escrita sin querer llegar a ninguna parte; segundo, que mi gusto cada día es más lamentable; y tercero y más importante de todo, los agujeros negros no son tan negros, Stephen Hawking dixit.