Anoche se produjo uno de esos casos claros en los que internet te mira a los ojos y te dice: “Ahí te quedas, ¡pringao!”. El messenger y gmail murieron. A mi no me gusta que me la juegue la tecnología. Pero noto como últimamente se está revelando en mi contra.

Como ejemplo el ipod. Cuando pasaba un mes del cumplimiento de la garantía el que antes era conocido como mi pequeño y adorable ipod se convirtió en ese maldito aparato del diablo que sólo funciona cuando misteriosamente se enciende dentro del bolso. Otro tanto ocurrió con la minicadena, la supernintendo, y un largo etc.

Por ahora él único que me sigue siendo fiel es el portatil y en realidad lo que creo que pasa es que me estoy dejando deslumbrar por sus encantos.

Esto me recuerda a cuando de pequeña los juguetes que me compraban mis padres tenían siempre algún fallo de fábrica. Aquel estupendo salón de los playmobil en el que se suponía que venía un sillón precioso y una única planta, pero en el que a mi me vinieron dos plantas como consolación, con motivo de lo que yo supuse era una escasez de sillones en la fábrica playmobil.

¿Compraban mis padres más barato por ser juguetes defectuosos? ¿Había una situación precaria en la familia de la que nunca nadie me ha hablado que les empujaba a ello? Y enlazando con el tema de la tecnología, ¿es mala suerte que todo se me estropee tan pronto? ¿hago mal uso de la tecnología? ¿o es un complot de las empresas supertecnológicas? ¿Deberiamos volver a la versión tradicional del tetris, cuando los patricios mandaban a sus esclavos adoptar la forma de figuras geométricas para hacer línea, y dejarnos ya de tanta tonteria?

Javierdo, ¡pregunta de examen!