Es lo que hay que sumar a los cinco grados bajo cero del pasillo de la cafetería; los tres grados de la biblioteca que crean ese tan grato clima para el estudio; las salas de ordenadores abarrotadas; los libros de los que sólo existe un ejemplar que está extraviado; los libros de los que existen ocho ejemplares, todos ellos convenientemente subrayados por bolis, lápices y rotuladores de todos los colores; la gente que te aborda por los pasillos para que firmes contra cualquier cosa; las fiestas en las que la protesta contra alguna “injusticia” se demuestra emborrachándose; la gente que no recoge la basura que genera; los profesores que abogan porque la humillación es la mejor educación; los grupusculos de protestantes del hall que mandan callar; los estudiantes que primero insultan y después exigen.

Pues eso, que o las cañerías empiezan a estar jodidas o en uno de los baños de la primera planta hay un claro caso de poltergeist.

Bienvenidos a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, paraiso terrenal.