Últimamente le he estado dando vueltas a mi proyecto para dominar el mundo. Y lo veo algo complicado.

Primero porque tengo la mala costumbre de jugarme el dominio del mundo en cualquier apuesta. Y ahora mismo no lo tengo, pero el día que lo tenga podría arrepentirme bastante.

Supongamos que Dios está jugando una partida de dados con un par de ángeles y decide apostarse el dominio del mundo. Aclaremos antes de nada que partimos de la idea de que es Dios quien domina el mundo. Ahora imaginemos que uno de los ángeles le gana y el mundo queda en manos de un ser asexuado que va dando noticas de embarazos por el mundo. Creo que no hace falta que siga explayándome con el tema o podría resultar un tanto desagradable. Todos nos hacemos una idea de la clase de mundo siniestro e infernal que sería ese y todos entendemos el simil.

Segundo porque había empezado a vislumbrar la idea de servirme del blog para ello, pero me sobra pereza y espesor y me falta constancia y garra para enganchar adeptos. Y los subordinados no se mantienen sólos. Hay que tenerlos bien agarrados y eso sólo se consigue con el trabajo diario. Si no luego empiezan las rebeliones, revueltas y revoluciones. No es que crea que únicamente a través de un blog se pueda conseguir el dominio del mundo. Pero se empieza por un par de lectores/comentaristas habituales, se sigue por un club de fans incondicionales y acabas teniendo hordas de seguidores/internautas que te jalean y gritan ¡Líder, líder, líder! en todos y cada uno de los comentarios que escriben, y de ahí a que salgas a la calle y te griten “¡Guapa!” hay un paso.

En fin, que mantener un blog es en mi opinión una tarea complicada y a falta de temas uno acaba revelando sus mejores reflexiones acerca de lo que un buen pretendiente a dominamundos no debe hacer y años de preparación se van al garete porque puede que alguno de vosotros esté ahora apropiándose de estos no-planes y se me termine adelantando. Sabandijas.