Parece tontería, pero a veces se hace duro tener que actualizar el blog. Ya no porque no se te ocurra nada que decir, sino porque le acabas cogiendo cariño al último post que escribiste.

Durante media hora estuviste pensando algún tema, otra media hora te dedicaste a darle vida y quince minutos más para corregir incoherencias y errores ortográficos (tiempos aproximados). Y si realmente te sientes orgulloso de él lo reeleras quince veces más, pensando: “Joe, en la vida haré otro igual, que putada que ya lo haya escrito” y desearás que todos los días fueran una repetición de aquel en que escribiste “El Gran Post”.

¿Y esos posts que nunca ven la luz? Ayer estuve haciendo limpieza de posts no publicados y decidí quedarme con uno. No podré publicarlo a menos que se de una conjunción de astros y vuelvan a poner dos capítulos de “Urgencias” seguidos, que sean de la misma temporada, uno continuación del otro y que Romano resucite para morir de nuevo aplastado por un helicoptero o tal vez devorado por un pterodáctilo (aunque también cabe la posibilidad de que los repitan).

Yo tenía el recuerdo de pasar vergüenza ajena leyendo los antiguos posts de mi difunto blog. ¿Me convierte esto en una egobloggera?