Existen familias en las que ocurren fenómenos extraños. Y como hoy en día con esto del boom inmobiliario es muy probable que te toque vivir en una casa construida sobre un antiguo cementerio indio, mi familia no iba a ser menos.
Uno de los primeros casos fue el de las caras que mis padres veían en las humedades del techo del cuarto de baño de mi casa antigua. Yo no tenía ni idea de esto hasta que mi hermana me lo comentó hace un tiempo. Supongo que porque siempre he sido bastante cagona. De hecho acabo de buscar en el google Bélmez para asegurarme de que lo escribía bien y me ha entrado el acojone con las imágenes que han salido. Y eso, que es un poco como las caras Bélmez, aunque, claro, mis padres nunca tuvieron ánimo de lucro (en realidad yo no sé si los señores de Bélmez cobrarían entrada, pero me imagino que algo sacaban con todo aquello) y se lo tomaban con bastante más humor.
Luego tenemos al fenómeno paranormal de la familia, mi abuela Stigmila. No es rusa, pero le dan derrames de vez en cuando en los ojos y alguien decidió apodarla como Stigmata, y de ahí derivó lógicamente a llamarse Stigmila, por aquello de que se llame Milagros. No sé si habreís visto la película “Stigmata”, pero entre los derrames y el hecho de que sea una firme creyente, que piensa que la carrera nos la hemos sacado fifty-fifty la virgen María y yo, en un familia de ateazos, me la veo un día de estos en plena comida familiar levantándose y exclamando “Il messagero non è importante” y a mi me puede dar el ataque.
Y por último, el más reciente a la par que extraño suceso que lleva ocurriendo más o menos desde hace cosa de un año. Decidimos archivarlo como “El misterioso caso de las tacitas andarinas” más que nada porque de eso es de lo que se trata, de tazas que aparecen en lugares donde no deberían estar, como las escaleras o al lado de la puerta del baño. Este asunto tuvo bastante mosqueado a mi padre, hombre sumamente ordenado, capaz de darse cuenta de que un libro ha sido desplazado medio milimetro de su lugar original, al que no le hacía mucha gracia que las tazas estuvieran donde no debían estar. Mi hermana y yo siempre hemos sospechado que mi madre tiene bastante que ver con ello, pero no se nos ha ocurrido preguntarle nunca porque la verdad es que es más molón que mi padre siga mosqueándose con el tema y que parezca un caso digno de ser tratado por el gran Iker Jiménez. Yo lo equipararía al intrigante suceso de las impresoras que imprimieron unos y ceros durante un corte de luz, ¿extraterrestres Iker?
Por cierto, “Milenio 3″ es sin duda mucho mejor que “Cuarto Milenio”.


3 comments
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Febrero 15, 2007 a 3:43 pm
Perryluck
En mi opinión, Iker no tiene ni idea, y es un asustaviejas, y un yo no digo que me lo crea, pero ahi queda eso. Tal como contó el asunto de la impresora daba la impresión de que el malvado espíritu de los electrodomésticos estaba detrás de todo en un nuevo intento de asustar al`personal de seguridad y las señoras de la limpieza…
Venga ya!
Basta ya! Iker Jiménez conozco tu jueguito, no conseguirás que vuelva la edad media.
Febrero 16, 2007 a 11:00 pm
whiskeyjack
Y mira que sí, que los espíritus/extraterrestres por alguna razón se empeñan en volver locos a los guardas de seguridad y el personal de limpieza. Un poco de solidaridad por dios, espíritus y alienígenas, vayan ustedes a asustar a Zapatitos y compañía.
Junio 12, 2007 a 8:09 pm
kokop
Mira xaval, no se si lo que cuenta iker en cuatro es cierto o es mentira. Pero en mi familia se han dado casos de espiritus, i además muy notables, hasta el punto de tener una casa en un pequeño pueblo, en la que sentiamos i veiamos espiritus y hasta que mi visabuela no murió, esos espiritus o llamalo como quieras, no se fueron.
Yo tampoco creia en eso, y pongo en duda muchisimo de lo que me dicen, pero eso es cierto, eso i un par de historias mas, que han influido a mi familia, hasta el punto de arrastrar a un par de mis familiares a la muerte.
No soy religioso ni mucho menos, estoy en contra de la religión, pero en eso creo xq lo e vivido. Y ha decir verda preferiria no creer, ya que me acojono.