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Una tal Bunny Pérez me la ha jugado y todo apunta a que Santa Cruz me va a dar la patada en el culo. Retomo el tema de esa mala costumbre de los americanos de creer que los extranjeros somos unos trampitas natos. Que sí, que ahora saldrá Frenán con alguna exclusiva de que si piensan eso es porque ellos son aun peores. Cierra el pico y deja que me queje a gusto.

El caso es que la tal Bunny dio por hecho que yo no era estudiante por el programa este de las becas y que se la estaba intentando colar, por lo que me invitaba a pagar los sesenta dolares correspondientes al pago de la solicitud de admisión. A través de un par de emails se suponía que esto andaba resuelto desde mediados de diciembre, hasta que hace unos días me enteré de que no lo estaba y ni siquiera había entrado al proceso de selección. Y bueno, excusas varias carentes de sentido, dos versiones distintas que se dan desde California sobre el tema y una propuesta de reconsideración de mi admisión es lo que hay hasta hoy.

Que tiene su lado bueno también, porque ante la perspectiva de que Santa Cruz se invente cualquier cosa para simular que ha reconsiderado mi solicitud rechazándola finalmente, nos queda la opción dar pena a San Diego, que parece que da sus resultados.

Mi hermana ha imaginado un futuro en el que soy admitida en Santa Cruz con odio y resignación por su parte y en el que el comité de admisiones me achucha constantemente a los de inmigración para hacerme la vida imposible.

Por otra parte, hace dos noches instalé los Sims 2. Y bueno, todo me pareció mucho más sencillo que en los Sims antiguos. Me puse a las once de la noche y a las tres dos ya estaban enamorados, no paraban de darse achuchones sin que yo interviniera, habían aprendido a hacer panqueques para desayunar, y un largo etc. Eso sí, la decoración de las casas es fantástica. Aun así no me pareció lo mismo que cuando hace cuatro años podía pasar una media de siete horas diarias jugando. ¡Aquellos si que eran buenos tiempos!

“We are sorry to inform you that we were not able to recommend your
admission to the Sociology Graduate Program at UC Berkeley for Fall 2007″.

Qué tristeza. En realidad era la tercera opción y prefería con diferencia Santa Cruz o San Diego, pero el hecho mismo de que sea la tercera me inquieta un poco. Supongo que porque he terminado dándole bastante más valor a que me acepten en cualquiera de las otras dos y ahora que las primeras noticias que tengo de alguna son de Berkeley y para rechazar mi solicitud, me da la impresión de que es más díficil que me acepten en ellas.

Y hoy la Alianza Francesa ya me había rechazado para entrar en un curso de francés. Procuraré no solicitar más admisiones ni declararme a nadie esta semana. No podría soportar más rechazos.

Por otro lado, ¿pero qué tipo de estafa ésta? En noviembre leí en el horóscopo del ABC que el 2007 me deparaba gratas sorpresas y que iba a ser mi año. Y hasta aquí la cosa iba estupéndamente. Incluso estaba empezando a creer en la astrología, a pesar de que mi horóscopo siempre fuera prácticamente igual que el que se situaba cuatro signos por encima. La tarotista del ABC debe pensar que el ser humano no siente la necesidad de echarle un ojo a los horóscopos ajenos para saber si ese día va a poder permitirse el lujo de mirar por encima del hombro a tauro o pisotear a aries. Qué equivocada está.

Mi abuela tenía razón, Dios nos mira y a mi me va a tocar encomendarme.

Hace unos días envié un email al EAP (Education Abroad Program) de la Universidad de California comentándoles que había tenido algunos problemillas para enviarles mis resultados del TOEFL y el GRE. El EAP es el programa que lleva el tema de las becas de California, los que manejan el cotarro, y hay que mandarles una copia de todo lo que mandas a cada campus para que alguno te admita. En dicho email les conté mi vida para terminar concluyendo que debido a que no soy muy espabilada no había conseguido encontrar el código exacto para mandarles las puntuaciones.

Pues debe ser que me expliqué aun peor de lo que yo pensaba porque me han respondido pidiendo que haga el favor de dirigirme a la información que ya debería haberme leído sobre cómo hacer todo cuando comencé con el tema este de la beca allá por finales de septiembre.

Vale, la cosa es que todo esto obviamente lo escribí en inglés y creo que en ello radica parte del malentendido. Y aquí es a donde quería yo llegar. ¿Por qué los idiomas no pueden tener una media de 1000 palabras? ¿Por qué no 100? ¿No sería más fácil para todos? ¿Acaso no hablarían los ingleses mejor si esto fuese así? Y ya qué estamos ¿no podría hacernos la población anglosajona el favor de hablar inglés a la española, es decir, sustituyendo cada hache por una jota y pronunciando tal cual se lee, que si yo estoy en Inglaterra y pongamos que digo al azar la palabra radiohead, pronunciando la a como a y la hache como jota, todo el mundo me entienda?

Así pues, y para dar ejemplo, os invito a que reduzcamos el español a 100 palabras. Elijámoslas juntos y fundemos la academia non-official de la lengua española. Mi primera propuesta es “piscolabis”.

Por los traumas creados. Este verano pasado fue el primero en el que al bañarme en el mar no me preocupé por ser devorada por un tiburón de quince metros obsesionado con la aniquilación de una familia al completo. Teniendo en cuenta que las olas del Atlántico al sur de Lisboa pueden hacer que acabes cabeza abajo o a 500 metros de la orilla, y todo esto sin bañador, más me valía estar atenta a ellas que a lo que pudiera estar moviéndose bajo mis pies. Aunque ahora que lo pienso fui una auténtica inconsciente, una ola no puede comerte.

También está lo de sobrevolar el mar en avión. Pero vamos a ver, ¿a quién se le ocurrió poner en la tele “Aeropuerto 77″ justo el día antes de volver de Tenerife? ¿Y por qué mi madre se confabuló con Hollywood contándome dos horas antes de subir al avión que en aeropuerto del que saliamos se había producido el mayor accidente de la historia de la aviación española? Diez años después de aquello me sigue poniendo de los nervios tener que coger un avión que vuele por encima del mar. ¿Por qué? Pues porque los telefilmes me han dejado claro que si cae en tierra como mucho sobrevive uno, a lo sumo dos pasajeros, y yo nunca he tenido suerte en la lotería. Pero ay si cae al mar. Ahí vamos todos derechitos a las mandíbulas de una familia de tiburones asesinos que buscan venganza por no haber podido acabar con la familia del jefe de policia de la isla de Amity. Que un avión es todo chapa y grapas, que no es seguro.

Y ya que estamos, y por dejar el tema de los tiburones y el mar, y sus posibles variantes como los tiburones de agua dulce asesinos, las pirañas asesinas, las abejas asesinas, las hormigas asesinas, los calamares asesinos (estos existen, los vi en un telefilm), los tiburones mezclados con genes perrunos y/o humanos (nunca me quedó clara la mezcla) asesinos (estos también existen, he visto dos veces la película), hablaré del tema exorcismos. “El exorcista”, película que no he visto ni una sola vez en mi vida, pero cuya sola existencia me ha traumatizado. Media infancia preocupada por ser poseida y hace un par de años van y me dicen que con el bautizo o la comunión esto no pasa. Entonces, la pregunta es ¿si yo me quiero dar de baja en la iglesia, se anula el efecto inmunizante? ¿Tendré que volver a preocuparme por este asunto? ¿Alguien sabe si es cierto eso de que estando confirmado puedes hacer exorcismos? Me parece la releche.

Señores de Hollywood, a ver si hay huevos y consiguen ustedes mezclar los tiburones, los aviones y los exorcismos en una sola película y acabar con mi vida definitivamente.

Y lo pesado que se hace que te tengas que tirar cuatro meses presentando papeles y haciendo exámenes para una beca que tardarán dos meses más en decirte si sí o si no ¿qué?

¿Y la de dinero que se invierte en ello? ¿Y lo mal que te sientes cuando no tienes ni un duro porque elegiste vida estudiantil en lugar de vida laboral lo que te convierte en el parásito que eres al que todo esto se lo tienen que pagar sus padres?

¿Y qué hay de sus consecuencias? ¿Qué hay del mal humor, el lloriqueo, el hartazgo, las ganas de pegar a alguien? ¿Y de que ahora tenga insomnio y pesadillas absurdas?

Mi hermana y yo nos vamos a California. Mi hermana está tan pesada que no me da tiempo a meter en la maleta ropa para un año. Me voy sin maleta pero con una camiseta amarilla puesta. La maleta daba igual, no me habían dado la beca, pero se me había olvidado. Estados Unidos es todo rascacielos y desierto. Esto no es lo que yo llamaría una pesadilla en condiciones. Ni siquiera aparecía Godzilla.

Reargh.

Es lo que hay que sumar a los cinco grados bajo cero del pasillo de la cafetería; los tres grados de la biblioteca que crean ese tan grato clima para el estudio; las salas de ordenadores abarrotadas; los libros de los que sólo existe un ejemplar que está extraviado; los libros de los que existen ocho ejemplares, todos ellos convenientemente subrayados por bolis, lápices y rotuladores de todos los colores; la gente que te aborda por los pasillos para que firmes contra cualquier cosa; las fiestas en las que la protesta contra alguna “injusticia” se demuestra emborrachándose; la gente que no recoge la basura que genera; los profesores que abogan porque la humillación es la mejor educación; los grupusculos de protestantes del hall que mandan callar; los estudiantes que primero insultan y después exigen.

Pues eso, que o las cañerías empiezan a estar jodidas o en uno de los baños de la primera planta hay un claro caso de poltergeist.

Bienvenidos a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, paraiso terrenal.

Anoche se produjo uno de esos casos claros en los que internet te mira a los ojos y te dice: “Ahí te quedas, ¡pringao!”. El messenger y gmail murieron. A mi no me gusta que me la juegue la tecnología. Pero noto como últimamente se está revelando en mi contra.

Como ejemplo el ipod. Cuando pasaba un mes del cumplimiento de la garantía el que antes era conocido como mi pequeño y adorable ipod se convirtió en ese maldito aparato del diablo que sólo funciona cuando misteriosamente se enciende dentro del bolso. Otro tanto ocurrió con la minicadena, la supernintendo, y un largo etc.

Por ahora él único que me sigue siendo fiel es el portatil y en realidad lo que creo que pasa es que me estoy dejando deslumbrar por sus encantos.

Esto me recuerda a cuando de pequeña los juguetes que me compraban mis padres tenían siempre algún fallo de fábrica. Aquel estupendo salón de los playmobil en el que se suponía que venía un sillón precioso y una única planta, pero en el que a mi me vinieron dos plantas como consolación, con motivo de lo que yo supuse era una escasez de sillones en la fábrica playmobil.

¿Compraban mis padres más barato por ser juguetes defectuosos? ¿Había una situación precaria en la familia de la que nunca nadie me ha hablado que les empujaba a ello? Y enlazando con el tema de la tecnología, ¿es mala suerte que todo se me estropee tan pronto? ¿hago mal uso de la tecnología? ¿o es un complot de las empresas supertecnológicas? ¿Deberiamos volver a la versión tradicional del tetris, cuando los patricios mandaban a sus esclavos adoptar la forma de figuras geométricas para hacer línea, y dejarnos ya de tanta tonteria?

Javierdo, ¡pregunta de examen!

Si este es un segundo intento por mantener un blog entre cientos de ellos fallidos es porque es el único que, además del primero, tendrá más de un día de vida. No es una promesa, es una obligación no autoimpuesta.

El primer obstáculo: elegir un nombre. He tardado un mes aproximadamente en pensar cómo se llamaría. Finalmente he elegido el primer nombre que tenía en mente. Con el primer blog tardé una noche. Terminé detestándolo y dando gracias al cielo porque desapareciera para siempre repentínamente.

Supongo, o más bien espero, que de aquí a unas cuantas entradas esto se encarrile un poco y deje de costarme tanto escribir cuatro palabras. Porque en el fondo me gusta la idea de tener un blog, pero odio tener que leer lo que escribo. “Tener que” porque sé que al final terminaré releyendo todo lo que escriba y me sentiré abochornada por cualquier motivo.

Anoche, mientras intentaba dormir a eso de las cuatro de la mañana, pensé las dos primeras entradas. Seguí la misma técnica que utilizo para recordar que he cerrado la puerta de casa, que el coche no está abierto, que no he aparcado en zona prohibida, etc, repetir una acción cinco veces. En este caso repetir el tema mentalmente. Pero debe ser que me quedé en la cuarta repetición mental porque esta mañana no había forma de recordar la segunda.

Así que supongo que para la próxima vez que escriba, o bien he conseguido recordar que era lo que había pensado, o bien mando a la mierda definitivamente lo de pensar y escribo lo primero que se me ocurra que es algo que tengo en mente desde hace tiempo, empezar a decir/escribir/hacer lo primero que se me pase por la cabeza. Cosa que no creo que ocurra, porque es una idea a la que llevo tanto tiempo dándole vueltas que en el momento en que decida llevarla a la práctica, lo que diga, escriba o haga habrá dejado de ser algo espóntaneo.